lunes 9 de noviembre de 2009

El último pase

Un cuadrado, escasos siete metros. Tres sillones de cuero. Rostros que trasnochan juntos.Seis narices hinchadas en torno a una séptima afilada. Doce brazos cruzados frente a dos fláccidos y estirados. Sesenta dedos escondidos, cientos de palabras escupidas que rebotan en un sólo cristal detrás del que han escondido un cuerpo, el suyo.

Arezbra, la rubia de pelos de rata, el bueno, el feo, el gordo y el ladrón.

Abigarrada y extraña compaña la que va a velar al difunto que, prudente y sumiso, no se queja.

Arezbra trata de no sentirse especial. Además, ha decidido que esta noche no será un plañidero de la muerte. Prefiere esperar hasta mañana, a estar solo y tras sus gafas negras. De todos modos, le parece no haber terminado de enterarse de por qué está allí. Si realmente porque quiere o porque hay que “vigiliar”. Rara esta contemplación, la del último culto que se le da al cuerpo. El culto del adiós definitivo. Intenta conciliar el insomnio.
En esta noche de viento, sólo dormirán los camellos de conciencias enganchadas a la mentira. El resto no podrá cerrar los ojos hasta que no se cierre la puerta de la capilla y será para apretar los párpados, para exprimirlos hasta lagrimear.

La rubia con pelos de rata calla preparando su discurso. Una vez que hable, será para no dejar de hacerlo. Tiene tanto que contar. Hace tanto que espera este momento. Ninguna lo quería más que ella. A nadie le importaba más y arriba estaba Dios para ver cómo sufría su pérdida. Bueno, a decir verdad, arriba juzgaba Dios pero aquí, en la Tierra, ella tenía la misión de dar testimonio de cuanto el Creador le encomendaba.Todos estábamos hechos a su imagen y semejanza, pero en todas las familias, siempre había un hermano que se parecía más a su padre.

El bueno está muy ocupado. No para de atender el teléfono. Casi ni se puede hablar con él y mucho menos, proponerle tomar un café. Como apoderado, ha agilizado los trámites sin necesidad de mi autorización. Fue el primero en enterarse y el que nos ha llamado a todos los que lo merecíamos. Dignos de saber que se ha ido para siempre quien, sin estar, tiene que ser velado para el descanso eterno de su ánima cándida.
Me ha dedicado un par de miradas culpables, no soporta que lo mire cuando lo hace. Sabe todo cuanto le ha mentido sobre mí a los demás y siente que no hayan parado de ignorarme desde que he llegado.
Por otra parte, tiene muy claro que yo no podía faltar. Quién sabe…a lo mejor tiene miedo de que el remordimiento se acueste con su mujer esta noche, ahora que él no puede ver qué está haciendo. Debe de ser correcto o la culpa podría contarnos todo lo que escondieron y no enterraron.

El feo no puede pasar una sola noche sin tener algo entre las manos para leer. Es todo un erudito, un ilustrado. Tiene respuestas para todos e interrogaciones recurrentes que amenizan la espera de un día a estrenar sin el difunto. Toda una ameba del saber.Se acuerda de los nombres de los que faltan aunque, por supuesto, los disculpe por su ausencia. Sin excepción, nombra a cada uno de ellos en voz alta, como si pasara lista. La verdad es que reparé en la ausencia de éstos gracias al feo. Es algo de lo que no hubiera sido capaz sin su inestimable ayuda.

El gordo ha venido para un rato pero intuye que no va a poder ser. Curioso dilema el suyo. Está hambriento y muerto de sueño. Anoche tuvo guardia en el hospital y le han avisado dos horas después de que fabricara una noche en su habitación y se echara a dormir.Si se va, va a quedar muy mal. Pero bueno, y qué. Lleva tiempo sin verlos. Nadie lo echará de menos. Por qué tendría que importarle. Después de todo, llevaba años sin ver al difunto y si ha venido es porque es demasiado cobarde como para afrontar que está solo y que ha dejado de formar parte del único grupo de personas que le ha dado identidad.Muy pequeño para tanto cuerpo. Muy poca cosa…Ni siquiera se despedirá. Se va a marchar ahora…o no. ¿Sería descortés si se fuera aunque nadie le esperase en casa?

El ladrón es el más chistoso. Con sus pizpiretas y chascarrillos hace más grata nuestra estancia.También es el más convencional y puede que hasta el más inteligente. Actúa de moderador en el debate que él mismo ha creado sobre la existencia de otra vida – como si no hubiese bastante con una - .

La rubia con pelos de rata se ha levantado, mientras el gordo, creyendo que iba a la puerta, se disponía a acompañarla. El ladrón enseña su reloj cada vez que habla, con espasmos demasiado exagerados como para ser naturales, mientras el bueno mira a Arezbra condenándolo y buscando un cómplice que dicte sentencia por él. El feo está demasiado ocupado durmiendo como para darse cuenta de nada y entretanto, seguro que el muerto se ríe del circo improvisado que hemos montado para él. Disfruta amigo de tu última función.

El último pase de aquéllos que quisimos ser actores y cantantes en teatros para acabar siendo payasos de cementerio.

"Requiem in pacem", Joaquín


viernes 6 de noviembre de 2009

Diario de un fracasado





Si al menos pudiera haber sido quien elegí ser…
Tuve ganas de soñar pero me cansé de dormir…
Soplaba viento cuando decidí navegar y heló el día que acampé…
Todo lo que soy es la nada que puedo decidir no aceptar...
Caminar no puedo, no así…
Hasta cuándo sin saber dónde. Sin ser quién, sin haber perdido cuanto gané.
Mis manos fueron colchones de paso, que terminaron por gastarse.
Mis ojos donde venían a mirarse quienes tenían prisa por marchar.
Mis labios no dejaron salir palabras el día que quisieron inventarse.
Sin nadie, sabiendo que la soledad no es casual, siento al destino lejos.
Dudo de mí, porque nada de dentro es cierto.
Extraña seguridad la que da la incertidumbre que resta de una sorpresa mal dada.
Abandonado, incluso por el tiempo que parece haberse estancado en mi cara.
Saturado de proyectos que se ríen de mi edad…
Así es como amanece, como parece. Como empieza…luego, todo es oscuro. Todo desaparece.

jueves 29 de octubre de 2009

César. Escondido tras su cara


El calor era insoportable, bochornoso, húmedo… calor del sur.

Era marzo,puede que abril…mis recuerdos se entretienen engañando a mi memoria, que ya no es lo que era. Mis manos se movían temblorosas a la vez que no paraban de sudar de una manera desproporcionada, inusual.No sabían si descansar en la palanca de cambios o seguir sujetando el volante.

El sol se había cebado con el borde inferior de la ventana. Pareciera el único punto del planeta con ganas de asarse.

No podía bajar las ventanillas,no me lo permitía. Cómo poner rostro cuando no se ha visto antes. Lo imaginaba oculto, tras la esquina. Puede que hubiera llegado hace rato y esperaba a que me bajase del coche. Puede que no hubiese parado de observar lo nervioso que estaba.

Los dedos ensayaban el movimiento preciso para girar la llave, arrancar y huir despavorido en el caso de que alguien me fuera a reconocer cuando se abriera la puerta.

Escondido tras mi cara, cegado por la luz, tentado por la curiosidad, apestando a pánico…

Ni siquiera me había cambiado de ropa. Había sido todo tan rápido que ni reparé en hacerlo. No consigo acordarme de por qué estaba empeñado en acelerar, de manera estrepitosa, los acontecimientos en mi vida. La edad, las ganas de tener pretextos para repetir y saciar mis instintos más animales, la arrogancia de la juventud y la prepotencia de los guapos. Todo, absolutamente todo, al alcance de mi mano; dentro de mis posibilidades.Siendo el más seguro, para quedarme sin conversación, en cuestión de segundos. Eternos ratos de silencios incómodos con caras extrañas, en lugares familiares, donde nunca pensaste verte más que a ti o a uno de los tuyos.

Alguien estaba a punto de llegar pero yo no iba a recibirlo, no estaría en ese coche cuando se quedara abierto. Repasaba el listado de nombres inventados. No se me ocurrían más. Después de casi seis meses teniendo encuentros con desconocidos, contaba en mi haber con numerosas alternativas. Estaba deseando hacerlo… que pasara, para irme. Quería marcharme,librarme de mí, de mis ganas de sexo.

¡Por fin!..¿o no?...¿Qué debía hacer?... ¿esperar a que llegara y abrir la ventanilla?, ¿salir a su encuentro para darle a entender que estaba ansioso por verle la cara?

Era alto,moreno y corpulento. Parecía latino. Llevaba las manos en los bolsillos. Nunca me fié de los que escondían las manos. Guardaban lo mejor de ellos para que nadie pudiera dañarlos. Desconfiaba del desconfiado.

Cuando me quise dar cuenta, estaba camuflado entre árboles, mirándole a la cara, con mi mano en su pierna pero por poco tiempo,lo sabía. Era cuestión de minutos el que sucediera, que nos besáramos, que nos quedásemos sin ropa, que fingiéramos habernos deseado desde que nos vimos, aunque los dos hubiéramos tenido que mirar más de diez veces para convencernos de que el viaje no había sido en vano y que las fotos que habíamos cruzado por el chat, nos hacían justicia y eran fieles reflejos de la realidad.

La Red era como una colmena, la casa de cientos de abejas picando de flor en flor. Refugio de otros que vivían como yo lo había hecho hasta ahora.



domingo 25 de octubre de 2009

Silvia


Silvia fingía sonrojarse frente al espejo. Le encantaba. Pasaba horas en ese círculo negro imaginario de su habitación. Atusando su alongado cabello color ceniza. Prodigando destellos por el cristal con cada mirada.
Hoy interpretaría una chica con ganas de hacer travesuras. Jugaba a buscarse a través de los personajes que se le ocurrían. Pecaba de pretenciosa y eso le producía un extraño placer, un gozo que se antojaba de todo menos correcto, pero había más de incorrecto que de ortodoxo en esa casa, en esa habitación, en todas las que la rodeaban y en todos cuantos vivían en ella.
De vez en cuando paraba. No mucho tiempo; el justo, pero paraba. Se dejaba caer sobre la cama aunque no cayese en el colchón nunca, sino en el abúlico suelo. Se auto-compadecía, brindaba con su reflejo y consentía que el silencio compartiera sus deseos y los sellara con un vacío de palabras misteriosamente plácido. Era ése el momento para las lágrimas, para la crecida de las aguas mansas que estancaban su interior. Que apestaban a podrido, a sedentarismo, sin ganas de mudanza ni de cambio. Corrompida ponzoña que, diluida, se jactaba de derramarse y campar a sus anchas por tan hermoso y joven rostro.
Esos diez minutos durante los que purgaba su alma, terminaban siempre de la misma manera; extendía su mano debajo de la mesita-tocador hasta llegar a un recodo de la misma donde ocultaba recortes de algo parecido a un diario que su hermano arrojaba a la papelera.
Ella recolectaba el “sobrante” de las cestas de las tres habitaciones y, junto con el cubo de la cocina, hacía la criba. Oficialmente de reciclaje de alimentos y envases y, extraordinariamente, el ejercicio de separar su vida de la de los suyos para no terminar más loca de lo que le gustaba estarlo.
Le gustaba soñar despierta porque era la única forma de acordarse de lo que deseaba.
Le encantaba ser consciente del ardor del anhelo, del calor sometido, postrado, rendido, entregado, en manos de la impaciencia.

Caligrafiaba sobre el viento con un lápiz escrupulosamente afilado. Hizo que los muebles se movieran al son del grafito rozando la corriente que silbaba bajo la ventana. Tras la cortina que ocultaba el gran rectángulo de luz gris, tentador de lapiceros valientes capaces de vomitar sobre papeles y no sobre la tempestad imaginaria que Silvia provocaba con sus pensamientos, los colores que inventaba, los ya inventados y la vida de los del otro lado del cristal.
¡Pobre niña! Seguidora de causas imposibles en situación eterna de imposibilidad. ¿Quién era ella?, ¿y el resto?...
Un resto, un despojo tirado en el suelo llorando inconsciencia, eso era Silvia.

martes 20 de octubre de 2009

Closer

A ti:

“…..ya hemos vuelto. Otra vez en “la casa”- en nuestra casa-. De nuevo en tu cama, de la que desterré a los otros.
No te has dado cuenta pero, mientras me abrazas por detrás y salpicas besos en mi nuca cada vez que aceleras tu respiración, estoy escribiendo. Hace rato que llevo pensando en esta entrada, en esta carta que inaugura mi, recién ideado, buzón custodio de intensos sentires.
Te siento cerca, muy cerca. Me gustaría que fuese siempre así. Llegar a dormirme con el deleite de la molestia de tu aliento. Desvelarme de madrugada e intentar adivinar qué sueñas. Fingir que me caigo de la cama,tener un fácil pretexto para unir más mi espalda con tu sexo. Que me susurres bajito. Entenderte en el silencio que, sólo entre nosotros, se vuelve cómodo y se relaja. Abrir los ojos y tardar en levantarme, mientras dejamos que el día se nos vaya.
No siéndote infiel más que con la propia euforia que me produce quererte. A veces la deseo más que a ti…
Ayer, caminabas por aquella playa mientras peleaba con la luz blanca que, envidiosa, pretendía no dejarme mirarte, no podía dejar de hacerlo, de verte desnudo, como desnuda estaba la brisa que quería vestirse de ti…y es que el tiempo pasa y seguimos siendo dos. Me da miedo pensar que la felicidad sea esto porque sé que no puedo eternizar lo perecedero. No sé quién soy cuando estoy contigo, pero no es el mismo que reconozco cuando miro otro espejo que no es el de esa casa, la tuya…puede que la mía también…
No parabas de moverte, de ir y de venir, como si supieras que tu sitio estaba allí,bajo la tierra tostada,tras las rocas con formas de cara, debajo de la toalla que manchamos de placer, minutos después, ante la curiosa mirada de quien buscaba compañía y que, oculto, nos envidiaba desde la distancia. ¿Dónde?...¿cuál es tu sitio, mi vida?¿ Es aquél donde estoy yo?¿Podré encontrar el mío si no voy contigo?
Luego echamos a correr… ¡Qué rápido íbamos!, ¿te acuerdas?...yo iba delante, como siempre. Dicen que las prisas no son buenas consejeras y yo añadiría al refrán que: no lo son para los que no saben correr. Sentirme perseguido por ti, por tus fornidos brazos, dejarme capturar por tus piernas, colocarlas sobre las mías. Sentir tu lengua, tu boca mordiendo mis orejas, mientras me sometes y me condenas a morir de gusto…”



- ¿Estás bien?¿Eres feliz?
- Mucho.
- Te quiero.
- Y yo…
- Prométeme una cosa.
- A ver…
- No vuelvas aquí sin mí, por favor. Éste es nuestro sitio.
- No digas tonterías, eso no va a suceder.No me hagas prometer. Además nunca vine aquí con nadie. De verdad.


(Se miran)

- ¡Mira,nene!...¡nuestra cala!

“…. no sé si volverás con alguien, pero estos días, todos y cada uno de los que me sé tuyo, son míos, nuestros. Días de octubre disfrazados de agosto encerrados en cartas que se llaman recuerdos…”



sábado 17 de octubre de 2009

Un día para recordar

Éramos cuatro: mi madre, el ruido de su cuchara buceando mareada en el plato, mis pocas ganas de comer y yo.
Llevábamos casi quince minutos bañando el pan, descuartizándolo. Trataba de llamar la atención de mi amada señora, compañera de almuerzo, distinguida comensal. Movía constantemente mi pie izquierdo fingiendo no darme cuenta. La paciencia contra el “saber estar”…
Jugando a no mirarnos y si mirábamos, a impostar una mueca muy ensayada. En una de las pausas, de las treguas que me concedía la curiosidad,me quedé observándola. Entonces el tiempo dejó de importarme y lo vi claro. Nada es más evidente que lo desprovisto de palabras.
Los surcos negros,como acequias por las que discurre lodo y no agua, bajo sus ojos. La mano derecha custodiando la mesa, sobre su rodilla, mientras se llevaba la comida a la boca con la izquierda. La improvisada sesión de belleza y atuso de cabello, aplicada nada más despertar. Combinar azul con negro, cuando siempre se ha sido más de celeste y blanco. Mi madre quería contarme algo. Había querido hacerlo desde que entró y no sabía por dónde empezar.
Decidí esperar y no anticiparme. ¿Cuánto tiempo podría resistirlo?¿ Cuál de las dos conciencias sería más descarada?

- ¿Sabes?, hijo mío…
- No, dime.
- He estado hablando con tu abuela esta mañana.
- Ajam…y...(trago saliva) ¿Cómo está?
- Bien, bien. Ya sabes con sus achaques de siempre.
- ¡Vaya! Me alegro.
- Me ha preguntado por ti.
- ¿Ah, sí?
- Sí. Te puedes imaginar. Lo típico... que si ya tienes novia.
- Y tú le has dicho que tengo amigas.Que no tengo ganas de compromisos.
- Sí.
- Bueno, sabes que no me molesta. Es más de lo mismo. Ya estoy acostumbrado.
- No,no es eso cariño.
- ¿Entonces?
- Es que…
- Dime, mamá. ¿Qué pasa entonces?
- Pues que creo que, a quien empieza a molestarme, es a mí.

No seguimos comiendo, no hacía falta. Ya no.
Me levanté y me puse a ver la tele, al cabo de cinco minutos, se sentó a mi lado y el día creció a la par que mi ánimo. Me cogió de la mano y echó a la visita para que cupiera el recuerdo.

martes 13 de octubre de 2009

Ray of light



Mi casa está muy lejos. Todavía no sé cómo ir. Me han dicho que tengo que vivir mucho para empezar a caminar hacia ella. Sea como fuere, no es andando como voy a llegar.

El Sol quiere venir conmigo, en realidad, con todos los que vamos; somos unos cuantos. Nunca me hubiera marchado solo.

Él viaja con la Luz.

Es más fácil moverse a través de ella. Tiene rastreadores que reclutan a otros como yo. Avanzamos dibujándonos en cristales, reflejando a los que miran. Todos nos envidian, se quedan con ganas de entrar. Ser planos y de m
entira. Habiendo conseguido la fórmula de hacernos imaginar, de provocar deseos de un color parecido al blanco.
La oscuridad custodiaba mis sueños porque, no siempre la luz revela secretos. Demasiada, impide que se nos reconozca.

Hoy he dormido con un rayo de luz. Creo que me ha dejado embarazado. Tenía ganas de que pasara, que después de gestarla, fuera capaz de parir esperanza blanca, limpia y contagiosa.

Nunca conseguía acordarme de lo que soñaba hasta que decidí tener un deseo. La pasión por conseguirlo trajo la calma a un espíritu que iba a morir de insomnio.

A ciegas, pervierte y equivoca a mis ojos.

Me he desvelado y se ha despertado conmigo. A veces es tan intenso, tan cegador que cuando cierro los ojos, yo mismo soy luz. La luz del trueno que deslumbra, luz de la vela que, tímida encierra una plegaria, luces que custodian la noche y que crea quien conoce el Universo. Me siento como en casa…a veces siento que llego rápido, más rápido que sobre un rayo de luz. Uno de los que le quito hoy al cielo, de los que duermen conmigo, de los que preñan de esperanza, blancos y limpios, rápidos…muy rápidos.
El deseo dio paso a la curiosidad por saber “con seguridad” si lograré conseguirlo. Si en el intento desisto de tener un hogar, o si quiero miles de ellos.

VÍDEO: "RAY OF LIGHT", MADONNA. ALBUM: "RAY OF LIGHT"