La tarde está regada de tedio, de bochorno, de pegajosa humedad, de gente que finge estar en calma, observando el horizonte sobre toallas anegadas de salitre. Se ha comido las rocas, enterrado la arena y erizado la piel del mar.
Hoy ha venido solo, ayer también… puede que no deje de hacerlo mientras quede verano en el cielo, en el aire, en el suelo… Mientras queden cálidos y tórridos besos en sus delirios, entre dunas de playa o tras piedras calientes que den cobijo a descaradas pasiones, bellas al contarlas que no al recordarlas.
Distingue perfectamente hasta donde es decoroso mirar, justo hasta esa esquina del fondo de la cala. Allí se amontonan para bajar a la duna. No hay nadie dando la vez, pero todos saben en qué lugar llegaron. Algunos se conocen, otros se han olvidado de quiénes eran hasta que el peso del deseo los puso en cola. Las cotillas barras de los bares esperan a la noche para saber qué pasa en ese improvisado nido de perversión estival.
Podría probar… puede que haya más como él…
Harto de buscar tras marañas de arbustos entrelazados y que apesten a sudor, fragancias puras que no necesiten anudarse para impregnarlo todo. Cansado de abrazar al océano, de sustituir el sordo sonido de un músculo atrofiado por el rugir de los surcos que dibuja el agua, cada vez que siente escalofríos.
Por más veces que escriba los nombres de los que ya no están, sólo existen hasta que la espuma los borra.
¿Por qué el agua se cuela debajo de la planta de tus pies?
¿Por qué moja y no seca?
¿Por qué mancha de limpio pero se pega a todo lo que se roza contigo?
Puede que seas tú la playa, que te hayas convertido en refugio de veranos de pasiones , de ojos que sean más viejos cada invierno.
Puede que hayas estado todo el día pintándote el cuerpo con arena mojada para pesar más y que tus pies no fueran capaces de llevarte a mirar a esa esquina del deseo.
Sabes que no tienes más alternativa que ponerte a observar cómo intentan poseerse. Dejarse marcas. Heridas de una lujuriosa y placentera contienda. En ese rato serás el único que te recorrerás, que tendrás que hacerlo con cautela, con reparo y no con ansias. Mientras otros jadean y se muerden enloquecidos por el morbo, no podrán darse cuenta de que los envidias, de que te imaginas cómo sería contigo. No, si todavía quieres irte por donde llegaste siendo tú y no una piltrafa.
Desprendido de la vergüenza , tu pantalón está muy lejos de ti, tu camiseta… tu cuerpo es tu carta de presentación. Has atravesado el límite que los separaba del resto, estás dando a entender tu intención de descender para participar en la bacanal. Tendrás que aceptar que nadie te mire, que no quieran tocarte, expuesto y desnudo apareces delante de ellos. Tendrás que aceptar sentirte sucio y más solo que nunca cuando toda esa ilusión termine, cuando dejes de sentirte deseado porque el sol ya no ciegue a quienes te tocan y se oculte para dejar que os veáis tal como sois.

2 escamas menos:
Vaya! La playa convertida en una especie de inconsciente en lucha continúa.
El tono de lo que cuentas está muy, muy bien. Hombros caídos y resignación.
Un saludo.
Joder. Qué triste.
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