Los ojos de Ariana de Ricardo Macián,2008
Hubo un tiempo en que vivió un dragón detrás de las Montañas de Ghaff, en la Antigua Persia.
Justo detrás de las Montañas de Ghaff había un valle fértil y rico, verde como el dragón, inmenso como su cuerpo. Entre el amanecer y el anochecer el dragón saciaba su apetito con todo el alimento que encontraba en el valle, pero al final de la tarde, no podía evitar preocuparse por el día siguiente. Si se había comido todo y tan rápido no tendría nada que llevarse a la boca al salir el sol. Esta preocupación lo hacía adelgazar. Cuando despertaba corría ansioso a asomarse al pico más alto de las montañas y ahí estaba el valle colmado de alimento. Entonces el dragón descansaba, mas no podía evitar volver a comérselo todo. Con más gula que apetito, no dejaba nada en pie para volver a preocuparse entrada la noche.
El dragón de las montañas de Ghaff murió de desdicha…


1 escamas menos:
Como el dragón que engulle voraz y luego se lamenta... Los talibanes engullen su cultura, pero sin el deseo de la añoranza... Aunque seguro que algo vibra en sus conciencias. Buen paralelismo. Un abrazo, amigo Arezbra.
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