- -Es lo mejor, ya lo verás. Nadie se muere por nadie.
- -Lo mejor para quién…
- -No sé, para los dos, supongo.
- -Parecías seguro cuando empezaste la conversación. Ahora dudas.
- -Siempre se duda. No existen las certezas y en esto menos.
- -Pero es que yo te quiero…
- -…y yo, mucho.
Se abrió la puerta del ascensor después de quince pisos. Palpó todos los bolsillos, el relieve de sus pertenencias le recordaron que venían con él. Segunda puerta a la izquierda, le había dicho el botones antes de no acompañarlo. No sabía qué había venido a hacer aquí. A decir verdad, su especialidad no era hacer cosas metódicamente, aunque él pensara lo contrario. En un recuento superficial había conseguido recordar hasta siete manías estúpidas. Vivía en una comuna con forma de cuerda llena de nudos, donde costaba mantener el equilibrio.
El silencio no es un estado de calma, sino el sitio perfecto para estar nervioso. Sin nadie que hable, empezamos nosotros. Sin nadie con quién hacerlo, hablamos con nosotros mismos. Escuchar lo que se calla es insoportable porque lo que no se dice, no debiera existir.
- -Pero ¿puede haber amor sin respeto? No nos hemos tenido ninguno.
- -Tampoco ha pasado nada, quiero decir, que no nos hemos hecho ninguna putada.
- -La estamos haciendo ahora, una muy gorda.
- -Estás obsesionado con que no nos vamos a volver a ver y no es cierto. Nos necesitamos.
- -Entonces, por qué permitimos que ocurra. Me voy… ¿entiendes?
- -Es lo mejor. Nadie se muere por nadie. Además yo no soy de esas personas que aguantan por aguantar.
- -Yo quiero que cambies. Si cambiaras…
Llevaba en la mano derecha una botella de whisky y en la mano izquierda una maleta. Había metido dentro poca cosa. Sólo pensaba quedarse esa noche. Le dijo a algún amigo dónde iba a estar por si le apetecía hacerle compañía. Estaba solo en ese hotel y en ese pasillo y cuando entrase en la habitación y cerrase la puerta también.
- -Si yo cambiara, estaría negando a todos los que vinieron antes que tú. No sería yo y entonces no te gustaría.
- -Y si yo cambiara...
- -¿Más? No puede ser, en serio. Seguro que dentro de un tiempo me convierto en una anécdota más de tu vida.
- -Te quiero.
- -Yo también, pero no es suficiente.
- -¿No es suficiente querer o no me quieres lo suficiente?
- -Me da igual lo que pienses, yo sé cómo te quiero. Deberíamos de sentirnos afortunados. Muchos darían lo que fuese por haber durado tanto…
- -Eres un egoísta...
- -Nadie se muere por nadie, ya lo verás. Esto no es un problema.
Estaba seguro de que era lo mejor, aunque no supiera por qué. Quizás porque es lo que solía decirse en este tipo de situaciones. Sonaba bien, le creaba esperanzas; una vida nueva, distinta a la que ya conocía. Puede que su vida anterior le gustase más que ésta. Que no fuese verdad eso de la perfección.
Como si hubiese leído un manual sobre rupturas, no conseguía comprender por qué si había hecho todo lo que debía, sentía vacío: no hablaban-cortaron la comunicación-, no sabían nada de sus vidas sin ellos, no aparecían en las nuevas fotos que llegaron. Los días se convirtieron en pruebas de veinticuatro horas sin pensar y así, poniendo silencio de por medio, la distancia entretenía a los recuerdos y los iba encerrando en los lugares donde nacieron. Pasaron de verse a cada rato, a no verse nunca y la etapa posterior fue mucho más radical: de imaginarse a ignorarse.
- -Qué continúo si tú lo empezaste todo. Cómo podré no buscarte en la playa. Qué pelis veo y con quién las comento. Con quién estarás cuando te eche de menos… Me pides que me invente otra vida, que me duerma solo en una cama, que acepte que no existes, aunque ya sea tarde.
- - Déjate de lamentos y no te recrees en la pena. Eres muy dado a eso. No te hagas más daño del que toca.
- - Cómo puedes ser tan frío.
Por la mañana, restos de una noche inquieta: revistas abiertas, la tele encendida con el menú para películas de adultos. Humo en las cortinas y en las sábanas. El teléfono descolgado y el móvil con llamadas perdidas y mensajes sin leer. El huésped con los ojos abiertos de par en par con un ataque de pánico esperando haber hecho lo mejor.
- -Soy mayor que tú y con los años se aprende a distinguir entre problemas de verdad y circunstancias desafortunadas. Ya lo verás. Nadie se muere por nadie.


2 escamas menos:
Este pasaje en especial me ha parecido muy inspirado:
"El silencio no es un estado de calma, sino el sitio perfecto para estar nervioso. Sin nadie que hable, empezamos nosotros. Sin nadie con quién hacerlo, hablamos con nosotros mismos. Escuchar lo que se calla es insoportable porque lo que no se dice, no debiera existir".
El texto entero, lleno de hilos de los que tirar, muy sugerente.
Un abrazo.
Quizá el hombre que entró en la habitación 0703 no se dio cuenta, pero era un lugar en el que había estado antes. O quizás no, pero, si no era capaz de salir de su propia mirada, ¿cómo podría haber sido capaz de diferenciar la habitación 0703 de otras habitaciones que hubiera ocupado antes?
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